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  • Foto del escritorZaíno

Para hacer el retrato de un pájaro

Juan Camilo Morales, autor de Tubo a tórax, escribió esta reseña que no es reseña sobre Tu sombra de pájaro de María del Mar Escobedo, publicada por Laguna Libros.


Pinta primero una jaula

con la puerta abierta

pinta, después, algo bonito

algo simple, algo bello,

algo útil para el pájaro.


Dice el poema de Jacques Prevert que recordé al leer este libro.

Y pensé que para pintar un libro de pájaros es necesario pintar el cielo y ahí, de la nada, van a llegar.

Porque la razón de ser de los pájaros es volar, y el volar es una danza. Hacen, ellos, figuras geométricas, como si tuvieran una consciencia (el artista que los pinta, tal vez) que los conecta y los sincroniza. Un pájaro al lado del otro y del otro y del otro, en el aire, volando; cada uno como el espejo del resto, la sombra.


Tu sombra de pájaro de María del Mar Escobedo, publicado por Laguna, es el libro del que hablo.


Los pájaros, esos mismos, cuando vuelan, cuando bailan en el aire, pintan el cielo con sus colores, precisamente como empieza la novela: “A veces, cuando no quiero concentrarme en lo que siento, pienso en el color amanecido de los kagús. Pienso en sus plumas color de bruma, como nubes de lluvia ”, como la portada del libro, además, que es azul cielo, un azul juagado, bonito pero simple, tan simple que necesita los pájaros pintados de colores para darle vida, para darle vida al cielo y al campo y a uno cuando los ve y los oye; esos pájaros que pintan el suelo, también, de negro con sus sombras, con lo que no son, porque lo que no son es terrestres, por eso sus colores pertenecen allá arriba y su sombra acá abajo.

Es una forma inteligente de abordar la tierra como sombra, como tu sombra de pájaro, como lo que no es, como el sueño, porque el sueño de todos, de nosotros, de los lectores y de los personajes del libro, de Isabel por lo menos, es volar. Volar es el único sueño. ¿Qué soñarán los pájaros, entonces? No con la tierra de la que se desprenden con tanta facilidad, a donde arrojan las sombras y las heces que le caen a uno encima; tal vez con el mar, sueños del Mar, de María del Mar Escobedo, la autora que los soñó a ellos, a los pájaros que aparecen en el libro, a los kagús, al cisne negro, a los pergoleros, al canario que rescata Isabel la protagonista; sueños del Mar o de la Laguna, en todo caso. Lindo que sueñen clavándose y bañándose como los copetones en el estanque del parque de la calle Concordia o de Independencia o de Monarca. Nombres inmensos, esos, los de las estaciones y las avenidas por donde Isabel deambula, inaprensibles, en esa búsqueda de la Libertad.


…No hay que desanimarse,

hay que esperar;

esperar si es necesario durante años.

La celeridad o la tardanza

de la llegada del pájaro

no tiene nada que ver

con la calidad del cuadro.

Cuando el pájaro llega, si llega,

observa en el más profundo silencio

espera que el pájaro entre en la jaula

y una vez que haya entrado

cierra suavemente la puerta con el pincel.

Después borra uno a uno todos los barrotes

cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro…

Es un libro que busca la libertad, no solo de Isabel y Lorena, sino la libertad en su escritura, con repeticiones y pasajes bellos, con saltos en el tiempo, con el mismo ir y venir entre la narración en primera persona —que nos manda al pasado, al presente y a un futuro incierto, casi inmediato, que juega más como el sueño, como la pesadilla, intercalándose con la realidad, y que no nos deja ver con claridad qué es lo que realmente pasa (porque, claro, nada pasa más que los pensamientos de Isabel)— y la segunda persona, esa carta de amor a la prima, a Lorena: Lorena en el cuarto, Lorena en la cama, Lorena en la ventana; Lorena y la lluvia, la lluvia de sangre que le sale de la entrepierna cada mes, y baña todo, y lo unge, y lo hace suyo, para devorarlo. La lluvia, rain, dice Isabel en un párrafo hermoso: “Tu nombre me enreda la lluvia en la lengua, Lorena, Lalengualorena, Lalluvialorena, pero él (Bergman) lo diría en Inglés, Rainlorena, Lorena-la-rain, lo-rain. Lorraine. La palabra rain me gusta más que la palabra «lluvia». O tal vez me suena menos triste, Lorraine”.

Lorraine e Isabella. Isabella como la llama el padre. Isabe l l a: esas dos “L” como las patas largas de los kagús, dice ella en algún momento de la novela, pero no solo eso, sino la “i” como el pico, la “s” como el cuello, la “a” y la “e” como el tronco, la “b” como el ala recogida, y la segunda “a” como la cola. “Isabella” es la grafía, la pintura, del pájaro:


…Isabella..


Y Lorena es el gato que se la va a comer. Si uno coge un pájaro se muere de un infarto, se le reviente el corazón, dicen. Una vez vi al gato de la casa abrirle el pecho a un colibrí que entró al patio. Mi madre lo agarró y el corazón se le salió, no a ella —bueno a ella también; a ella y a mí, del horror— se le salió del pecho y cayó al suelo como si se cayera cualquier cosa, como si se me cayera este celular en donde tomo notas, por ejemplo. Daba ganas de agacharse a recogerlo y volvérselo a meter.


Lorena es mi gato, la gata, la pantera: La mujer pantera de Jacques Tourneur, esa película que muy a lo Beso de la mujer araña, Isabel le cuenta a Lorena y a Lorena le encanta.

Jacques Toruneur: Pantera.

Jacques Prevert: Pájaro.

Así acaba el poema:


Si el pájaro no canta, mala señal,

señal de que el cuadro es malo,

pero si canta es buena señal

señal de que puedes firmarlo.

Entonces arráncale delicadamente

una pluma al pájaro

y escribe tu nombre

en un ángulo del cuadro.

María del Mar Escobedo,

Tu sombra de pájaro.

Laguna Libros.


Así son los pájaros, como esto que escribo: justo cuando uno cree que los tiene se dispersan en el cielo y nos dejan acá abajo mirando hacia arriba, con la sombra ellos pegada a la cara.




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